Cuando el científico social hace etnografía, convive con las personas del medio que quiere estudiar. Muchas veces se acerca a sus prácticas de manera colaborativa, ayudando en la labor de las personas que estudia, solicitándoles algún servicio o simplemente observando. El caso es que se ponga en un lugar donde pueda vivir y observar la vida desde donde la viven y ven los actores (en este caso músicos, promotores, consumidores de música norteña) acercándose a una comprensión desde el punto de vista de ellos. Un producto esencial de esta labor es el diario de campo, un escrito donde el científico social inserta, de manera ordenada, descripciones, narraciones y valoraciones del trabajo que realiza. Aparecen también otros materiales, como fotografías, videos, mapas, audios, etc. Todo ello es la base para sus reportes, artículos o libros.